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domingo, 23 de julio de 2017

FUSIBLES POLÍTICOS ¿POR QUÉ SE QUEMAN? por Alberto Mansueti


En América latina ya no hay golpes militares. Nos pasamos de elección en elección, elegimos nuevos presidentes, y nuevas Legislaturas; pero no hay reformas de fondo: básicamente todo sigue igual, y nada cambia. ¿Por qué?

Los militares están en sus cuarteles, muertos de miedo: una de las principales estrategias de la izquierda dura, la del Foro de Sao Paulo, fue meter entre rejas a los viejos generales anticomunistas y “golpistas” del siglo pasado, tras exhibirlos en espectaculares juicios públicos, con mucho circo mediático. Fue un mensaje para los oficiales de este siglo; y surtió efecto. Ya no hay golpes ni dictaduras militares; aquellos “gobiernos de facto” pasaron a la historia del siglo XX.

Sin embargo, la realidad social y política, como la realidad natural, no puede suprimirse. En América latina muchos Presidentes están destinados a ser como el “fusible” de un sistema eléctrico. Fusible es un componente hecho de un material conductor, con bajo punto de fusión, colocado para “saltar” si la tensión se hace excesiva, interrumpiendo así el flujo. ¿Para qué? Para proteger todo el sistema.

Así pasó en enero de 2000 en Ecuador, con el presidente Jamil Mahuad; y en noviembre de ese año, en el Perú, con el Alberto Fujimori. Al menos el primero alcanzó a decretar la dolarización, tras 15 meses en su cargo, y el segundo a hacer reformas “de primera generación”, tras 10 años en el suyo, antes de “saltar” como fusibles. Pero al año siguiente en Argentina, se “quemó” el fusible De la Rúa, por no haber hecho absolutamente nada.

El sistema que protegen la derecha mala y las izquierdas no es eléctrico, es político: el social-mercantilismo, con su “apartheid” entre los de arriba, disfrutando las mieles del capitalismo de amigotes en el sector privado, y los de abajo, padeciendo las amarguras del socialismo en el “público”: escuelas que no enseñan, hospitales que no curan ni atienden, jubilaciones miserables. Y empresas “micro”, las PYMES, una especie de salvavidas para apenas sobrevivir. Le llaman estado “de Bienestar”, y lo es, pero ya vemos a quiénes toca el bienestar, y a quiénes el malestar.

Es inevitable: si la tensión sube de repente, el fusible se quema, sea de la derecha mala, como en los tres casos antedichos, o de izquierda. Sucedió en 2003 con “Goni” Sánchez en Bolivia, de derechas, y en 2004 con “Titide” Aristide en Haití, de izquierdas, y también con casi todos los otros presidentes que fueron depuestos o presionados a renunciar, indefinidos como Lucio Gutiérrez en Ecuador (2005), o de izquierda como Manuel Zelaya en Honduras (2009), y Fernando Lugo en Paraguay (2012).

Esto no es nuevo. En la Biblia leemos muchos casos de gobernantes fusibles, en los libros “históricos”, que en realidad son libros políticos. Cuentan primero la historia de los “Jueces” de Israel, que fueron 10 entre Josué y Samuel, después de Moisés. Y después la historia de los “Reyes”, 43 en total, tras Saúl, David y Salomón, y luego 20 en cada uno de los dos reinos, Israel y Judá.

Los libros son ocho: Josué, Jueces, 2 de Samuel, 2 de Reyes y 2 de Crónicas. Según el Apóstol Pablo, en 2 Timoteo 3:16, son para “instruir en justicia”, o sea para aprender Ciencia Política y Gobierno, en especial sobre la inestabilidad y la estabilidad de regímenes y sistemas; pero los cristianos de ahora no lo saben, y por eso no entienden sus Biblias. Hay muchos buenos estudios; por ejemplo “El mundo de los Jueces”, por John McKenzie, y “En tiempos de los reyes de Israel y Judá”, por Damien Noel.

Los hechos políticos son recurrentes porque la naturaleza humana es siempre la misma, y sus malas inclinaciones y apetencias, entre ellas la concupiscencia de poder, los caudillismos, las “revoluciones” y las intrigas y conjuras de palacio, los golpes y contragolpes, los cambios reales y cambios cosméticos. ¿No me cree? Lea las historias de los Jueces y Reyes, y compare con la Antigüedad clásica, tal como se lee en autores griegos como Tucídides y Jenofonte, o romanos como Tito Livio. ¡Buen provecho!

Pero volvamos a nuestra América “ladina” como le dice un amigo. En 2002, en Venezuela, los militares atrasados de noticias dieron un “golpe” estilo siglo XX; pero el tiempo no perdona, y Chávez “resucitó” políticamente al tercer día. Le cuento que el título para este artículo era “¿Por qué no hay reformas en América latina?”; pero el de los fusibles es más atrayente.

Los presidentes no son los únicos fusibles políticos. Ahora en el Perú se han “quemado” varios funcionarios, y a Kuczynski la izquierda lo tiene “en jaque”, usando a Keiko y a los fujimoristas como peones y otras piezas en su juego, para ser movidas, y eventualmente cambiadas, según sus objetivos estratégicos. La del fusible no es la única metáfora provechosa para entender los eventos políticos del pasado remoto, o de la palpitante actualidad; el ajedrez sirve de mucho también.

Claudio Zolla, Dante Ramos y el equipo del Partido Liberal “Perú Nuevo”, apoyados por el Centro de Liberalismo Clásico, hacemos cuidadoso seguimiento. Se le ha recordado a Kuczynski que hace 15 años escribió un libro demandando reformas; ahora es presidente, ¿por qué no hay reformas? Nuestro diagnóstico es muy claro, y aplicable a otros países de la región, como Argentina:

1.- El sistema está agotado, y la tensión es insoportable. A cada crisis sigue otra crisis. El país va de crisis en crisis; los gobernantes tratan de “administrar” las crisis, que son insolubles, pero distraen la atención, tanto de los Gobiernos como de la opinión pública. Nadie se enfoca en los problemas reales, menos en las soluciones verdaderas, las reformas de fondo, de segunda y tercera generación.

2.- Infinidad de compromisos y ataduras “comerciales” con la derecha mala paralizan a gobernantes y funcionarios. A ello se suman los compromisos y ataduras ideológicas con el marxismo cultural.

3.- Sólo hay dos salidas del actual modelo “mixto” de mercantilismo y socialismo; una bien conocida por la opinión, la salida por la izquierda, tipo Venezuela: socialismo para todos. La otra no es conocida aún por la gente, tipo regiones del sur de la China: capitalismo para todos. Pero esta no le conviene al sistema: la libre competencia es una amenaza para los mercantilistas, y el liberalismo clásico es una amenaza para los socialistas, tanto marxistas clásicos como culturales. ¡Por eso saltan los fusibles, protegiendo al sistema!

4.- Y el presidente no tiene casi presencia en el Congreso; la primera mayoría es el fujimorismo, y Keiko no quiere reformas. Su hermano Kenji tal vez quiere, junto con derogar las leyes malas, pero no tiene peso ni espacio suficiente. La izquierda es la segunda fuerza parlamentaria; y a diferencia del fujimorismo, tiene inteligencia, y un plan maestro a mediano plazo, que va ejecutando paso a paso.

Pero el espacio se me terminó a mí ... así que hasta la próxima, ¡y síganme los buenos!

www.albertomansueti.com

miércoles, 7 de junio de 2017

PERDONADOS Y OLVIDADOS - La República Socialista de Chile

Fue un 4 de Junio de 1932, hace ya 85 años, que rugieron por primera vez aviones sobre "La Moneda".

Aviadores, militares y algunos civiles se habían unido para derrocar al gobierno de Juan Esteban Montero, que había sido electo con un 64% de preferencias hacía apenas 6 meses. Se trataba de un gobierno democrático y respetuoso de las leyes, pero las dificultades que sufría nuestro país como resultado de la gran crisis mundial de 1929 envalentonaron a algunos audaces a tomarse el poder.

Tras varios muertos y decenas de heridos, destruyeron la democracia para proclamar la “República Socialista de Chile”.  La Junta de Gobierno implantó entonces una dictadura en nombre del proletariado.   Disolvieron el Congreso, declararon el Estado de Sitio y censuraron a la prensa. La lucha por el poder fue implacable. Tras apenas 12 días del golpe, 2 de sus protagonistas - Marmaduke Grove y Eugenio Matte- fueron relegados por sus camaradas a Isla de Pascua y Carlos Dávila se hizo del poder total como “presidente provisional de la república socialista de Chile”.

Los sediciosos padecían lo que Hayek llamó la “fatal arrogancia”.
Se creyeron capaces de resolver los problemas que sufría el país mediante la aplicación de medidas coactivas de “ingeniería social”, para ordenar el mercado y la sociedad. Tomaron fuertes medidas estatistas para mejorar las condiciones económicas.

Pero todo fracasó porque resultó, resulta y siempre resultará imposible que alguien pueda hacerse de toda la información o conocimiento que se requiere para cumplir con su deseo de coordinar el orden social.

La situación económica empeoró y la gente empezó a organizar cada vez más ollas comunes.  A pesar de sus medidas populistas, la dictadura socialista perdió el apoyo civil y también de la fuerza militar que la sustentaba. Carlos Dávila renunció el 13 de Septiembre a la presidencia, asumiendo en su reemplazo el General Bartolomé Blanche, que llamó de inmediato a elecciones. Entre los golpistas más destacados se encontraba Arturo Merino Benítez, que durante la dictadura socialista ocupó el cargo de Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea Nacional. Fue uno de los gestores del golpe del 4 de Junio contra el presidente Montero y para evitar el fin de la república socialista, trató de oponerse por la fuerza a los planes de Blanche.

Tras declararse en rebeldía como Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, Merino Benítez fue capturado por tropas del ejército y tuvo que ser dado de baja para que el plan de normalización del país pudiera concretarse.

Nadie hace referencia ahora a estos acontecimientos ya completamente olvidados.  Hoy no habrá marchas de protesta por lo ocurrido hace 85 años. No veremos encapuchados cometiendo desmanes ni “guanacos” tratando de dispersarlos.  No hay recuerdos que tal cosa haya ocurrido, ni ninguna forma de protesta por este quiebre de la democracia, perpetrado por socialistas. Tal vez porque en esa oportunidad fueron ellos los victimarios.  Los hechos han sido olvidados y sus protagonistas perdonados, como queda demostrado al considerar que nuestro principal aeropuerto lleva el nombre de uno de los mayores responsables de la destrucción de la democracia en aquella época: el Comandante Arturo Merino Benítez, quien más allá de sus méritos como impulsor de la aeronavegación chilena, es otro testimonio de que los socialistas llevan decenios inoculando a Chile del mismo estatismo esclavizante que nos tuvo durante siglos como súbditos del Imperio Español.

¿Quién se atreverá a renovar el llamado a la Independencia? ¿Quién es nuestra mejor carta como chilenos, para desprendernos de agendas foráneas como las del funesto Foro de Sao Paulo?