¿Por qué Chile se convirtió, de país pobre que iba a la zaga de los subdesarrollados en 1973, en “la joya más valiosa de la corona latinoamericana” (Clinton, 1991)?
Que alguien conteste esa pregunta.
En el Chile actual está poco menos que prohibido hacerlo, pero yo les voy a decir por
qué Chile cambió tanto, para bien:
Porque Pinochet cambió el régimen previsional de reparto por uno de cuentas individuales y eso significó que enormes cantidades de dinero que antes se dilapidaban, lo que contribuía a un déficit fiscal enorme en 1973, pues el Gobierno debía financiar el quebrado sistema (daba pésimas pensiones a la mayoría y privilegios millonarios a la minoría que estaba en el poder) se transformaron en inversión productiva que dio rentabilidad a los ahorrantes e impuestos al Estado gracias al financiamiento a empresas que generaban inversión productiva. Apareció un mercado de capitales. Hubo un salto en el PIB. Todos se hicieron más ricos.
¿No es un contrasentido que multitudes salgan a las calles a vocear “No + AFP”, cuando el país le debe tanto al sistema de las AFP?
El “área social de la economía” era en 1973 un conjunto de empresas estatales o incautadas que generaban un déficit gigantesco, mucho mayor que el del Presupuesto. Cuando fueron devueltas a sus dueños por Pinochet o privatizadas, permitieron otro salto en el PIB, porque pasaron a producir rentablemente y a pagar impuestos. Y se pudo equilibrar el Presupuesto. Todos se hicieron más ricos.
¿No es un contrasentido que últimamente se haya forjado todo un movimiento de masas, llamado Frente Amplio, fundado en que más y más actividades y atribuciones retornen al Estado que generó tanta ruina y proponga reeditar un estatismo que ha sido desterrado de las naciones civilizadas? Y justamente lo ha sido en gran medida por el ejemplo positivo que representó la concreción práctica del “milagro chileno” después de 1973.
Antes de eso la Reforma Agraria había convertido tierras productivas en tierras mal trabajadas y cuando Pinochet devolvió los fundos tomados y muchos agricultores compraron otros que habían sido “reformados” y artificialmente divididos, se generó un “boom” frutícola y vinícola (en 1974 se derogó la absurda prohibición de plantar viñas) y una agricultura de exportación. El cobre dejó de ser la única exportación significativa. Todos se hicieron más ricos.
Los estímulos a la plantación de bosques en 1974 originaron un gigantesco negocio de la madera de exportación con los consiguientes beneficios. Todos se hicieron más ricos.
Cuando la Ley Minera de Pinochet garantizó la propiedad privada de los yacimientos, Chile se llenó de inversiones que generaron enorme riqueza nacional adicional de origen minero. Todos se hicieron más ricos.
Cuando se abrió la educación superior a universidades privadas en 1981 acudieron inversionistas nacionales y extranjeros y más de un millón de jóvenes que antes no podían ir a la universidad accedieron a ella. Fue un nuevo impulso al capital humano y al crecimiento. Lamentablemente, toda esta nueva “industria” de la enseñanza superior fue liquidada por la revolución socialista de Michelle Bachelet 2.0 a partir de 2014, lo que le ha inferido un daño irreparable a la “industria” universitaria. Fue un retroceso. Chile se hizo más pobre a partir de la reforma universitaria.
Y hay otro gran peligro: todo el gran cambio positivo para la sociedad chilena se fundó en la garantía al derecho de propiedad establecida en la Constitución de 1980, cuya mayor gracia es que es difícil de modificar y por eso la inversión está sólidamente garantizada. Hay confianza y la confianza atrae riqueza para todos. Todos se hicieron más ricos gracias a esa garantía. Hay que preservarla.
Todos esos cambios hechos por Pinochet se han traducido que entre 1990 y 2016 el Estado haya aumentado su disponibilidad de recursos, en dólares de igual valor, de 14 mil millones a 52 mil millones anuales.
De la mayor riqueza de todos surgió la "modernización capitalista", a la cual se han trasladado muchos ex izquierdistas. De la misma mayor riqueza surgió la gran clase media próspera, que a veces protesta en masa porque quiere "derechos sociales", es decir, no pagar por las cosas lo que éstas valen.
Los que discuten cómo repartirse la nueva riqueza nunca mencionan a quién fue el artífice del modelo que ha permitido generarla.
Si hay una estatua que falta en la Plaza de la Constitución es la del gobernante que revolucionó a Chile, lo puso a la cabeza de América Latina e hizo posible toda esa riqueza.
La mayoría lo sabe o lo intuye y por eso respiró aliviada al conocer los resultados del 17 de diciembre. Aunque no esté preparada, como no lo está quien reunió tras de sí esa mayoría de votos de repudio al socialismo, para reconocer que la estatua que falta en la Plaza de la Constitución es la de Augusto Pinochet.
El reconocimiento tal vez demore tanto o más que lo que tomó levantar en ese mismo sitio una en homenaje a Diego Portales.
Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.cl/2017/12/la-estatua-que-falta.html
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miércoles, 20 de diciembre de 2017
domingo, 29 de octubre de 2017
Tan Lejos... Tan Cerca... - por Hermógenes Pérez de Arce
Se ha comprobado que una mayoría de chilenos no entiende lo que lee. Yo sostengo que esa mayoría tampoco entiende lo que pasa, porque casi no lee y se informa vía farándula y consignas “políticamente correctas” que son generalmente infundadas, como consecuencia de lo cual razona mal. Pero en el largo plazo hasta la mayoría chilena entiende. Tanto así que un amigo mío sostiene que en cincuenta años más los billetes de mayor denominación van a llevar la efigie de Pinochet. Más demoraron en reivindicar a Portales.Esta falta de entendimiento incluye, en la política electoral actual, a la gente de derecha, por supuesto. La mayoría de ella, el 81 %, de acuerdo con la encuesta CEP más reciente (si bien muy cuestionada por errores evidentes), vota por Sebastián Piñera. Yo hablo frecuentemente con personas como ésas y el único argumento que dan para votar así es que con eso sacarán del poder a la Nueva Mayoría. Todas esas personas saben que Sebastián Piñera no es de derecha, todas fueron partidarias del Gobierno Militar y del “Sí”, a diferencia de Piñera, que fue simpatizante DC, opositor y del “No”; todas conocen su hoja de vida y su personalidad y no les gustan la una ni la otra; en particular, todas repudian su traición y persecución a los Presos Políticos Militares. Pero, dicen, “va a ganar y la Nueva Mayoría se va a tener que ir del poder”.
Bueno, ha sucedido que ha entrado a participar en la elección presidencial un candidato de derecha, José Antonio Kast. Un político capaz, veraz y honesto, que no vacila en definirse de derecha, tiene una hoja de vida infinitamente más limpia que la de Piñera, es más confiable y siempre ha sido de una sola línea. En su presencia, la única razón que dan los derechistas para preferir a Piñera es que “va a sacar del gobierno a la Nueva Mayoría”. Si no fuera así, votarían por Kast.Pero es evidente una cosa: que si la ciudadanía de derecha votara por Kast, éste pasaría a la segunda vuelta presidencial junto a Piñera y la Nueva Mayoría quedaría fuera del gobierno tras la primera vuelta. Votar por Kast, entonces, es sacar antes a la Nueva Mayoría del gobierno.
Esto es evidente y claro, pero un gran sector de votantes no lo ha entendido. ¿Por qué? Por la misma razón que no entiende lo que lee ni lo que pasa. Por la misma razón por la cual repite consignas erróneas y las cree.
Pero cuando una verdad es evidente por sí misma (eso se llama “axioma”) hasta una mayoría de chilenos la termina por entender, aunque se demore. Y es evidente por sí mismo que si los ciudadanos de derecha votaran por el único candidato de derecha que hay, éste pasaría a segunda vuelta. El “Sí” obtuvo un 44 % en 1988. Büchi más Errázuriz obtuvieron algo así en 1989. Arturo Alessandri más José Piñera pasaron del 30 %. ¿Cómo la votación de derecha no va a superar, todavía ahora, holgadamente, el 20%? Con eso Kast pasaría a segunda vuelta.
Y como nadie duda de que Sebastián Piñera también va a pasar, el segundo lugar de José Antonio Kast va a dar por resultado que la Nueva Mayoría quede fuera del gobierno, que es el único propósito que aduce la gente de derecha para votar por Piñera. Pero eso se logra antes, en primera vuelta, y de manera mucho más segura y eficaz, votando por Kast. Porque el voto para Piñera, por último, sólo conduce a que algún candidato de la izquierda gane a Kast en primera vuelta y pase a la segunda, en la cual ya los seis actuales izquierdistas de la primera vuelta se van a unir y todos reconocen que, unidos, tienen posibilidades de ganar.
Es decir, los derechistas que votan por Piñera sólo aumentan el riesgo de un triunfo de la izquierda. Si votan por Kast, desaparece ese riesgo. El propósito de sacar a la Nueva Mayoría del poder, se obtiene mucho mejor votando por Kast. Así se asegura que no habrá retroexcavadora o algo más a la izquierda en la segunda vuelta.
Y yo pienso que el 81 % de derecha que apoya a Piñera, según la CEP, va a terminar por entender lo anterior. Por ahora está lejos de hacerlo, porque a nuestra gente, incluso a la de derecha, le cuesta. Pero a la larga entiende. Ojalá antes del 19 de noviembre.
Ayer mandé un twitter diciendo que si la derecha vota por el candidato de derecha, la izquierda se irá del poder en la primera vuelta. Ojalá lo recen como una jaculatoria (“oración breve dirigida al cielo con vivo movimiento de corazón”).
Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.cl/2017/10/tan-lejos-tan-cerca.html
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