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domingo, 22 de octubre de 2017

La Novelística de los Cerebros Lavados - por Hermógenes Pérez de Arce

          Toda corriente de opinión suscita una novelística, con excepción de la derecha chilena, cuya única novela conocida –y no alcanza para “novelística”-- es mía: “Está Temblando”. Tuvo dos ediciones y alcanzó a pasar dos semanas entre los “best-sellers” en 2005, antes de ser lanzada al tarro de la basura por los críticos. Recuerdo con precisión hasta qué capítulo alcanzó a leer el de “El Mercurio” antes de entregar su crítica a “Artes y Letras”, porque se notaba perfectamente en su comentario que, por falta de tiempo o lata, no alcanzó a terminar de leerla. Pero gracias por publicar algo. Él no era entonces el principal crítico del diario, pues en esos años lo era un sacerdote del Opus Dei. Éste no se habría rebajado a reseñar una novela de un dilettante como yo. Pero un numerario amigo me dijo que les había aconsejado no leerla. Le pregunté si porque la había considerado inmoral, pues tenía algunos pasajes pícaros, pero, después de averiguar un poco más, me explicó que el crítico la desaconsejaba simplemente por mala. Y yo me quedé con ese veredicto y la derecha sin novelística.


          Ahora hay un sector, el de los cerebros lavados, que está empezando a construir una. Me refiero a los y las, como se dice ahora, que cambiaron su juicio acerca del Gobierno Militar entre 1990 y hoy día. ¿Quiénes les han lavado el cerebro? Lo hicieron entre la DC, la izquierda, Aylwin y Piñera. El primer promotor del lavado fue Aylwin II con su obra magna, “Informe Rettig”, destinado a culpar a los militares y exculpar a los marxistas. Porque Aylwin I había sido el que llamó a los militares a echar a los marxistas y, en octubre de 1973, justificaba que mataran extremistas. Aylwin II fue el de 1990-91, que execró a los militares ante el país y el mundo y negó haber dicho lo que había dicho en 1973. Para su mala fortuna, tanto I como II quedaron registrados para perpetua memoria en YouTube en una sola grabación.

          Ahora me entero, a través de “El Mercurio”, de que una escritora llamada Ana María Ugarte toma el estandarte de la novelística de los cerebros lavados en su obra “Acerca de la Cosas Perdidas”. Una entrevista a la autora de Daniel Swimburn de hoy, domingo 22, en A11, lo explica todo, pues ella declara sobre su novela: “…también muestra un tema que se suele eludir: la realidad de aquellos que estaban cómodos con lo que a finales de los setenta nombrábamos como ‘gobierno militar’. Los mismos que con los años nos fuimos dando cuenta de lo que había ocurrido”.

          “Estaban cómodos”: Chile era un país pacificado y próspero después de la amenaza de guerra civil y ruina de la UP, y ese país crecía aceleradamente. Había derrotado al ejército paralelo del 73 y, según la propia estadística del Informe Rettig, los caídos en enfrentamientos contra el terrorismo eran sólo nueve en todo un año, en 1978. ¿Cuál era el estado de ánimo de la gente? Obvio: con toda razón “estaba cómoda”.

Este párrafo de una carta de 1977, de Eduardo Frei Montalva a su yerno Eugenio Ortega lo confirma: “Ayer (6 de marzo de 1977) fui al Estadio a ver el partido Chile-Perú. Nunca he visto un Estadio más repleto. A ese Estadio repleto y ya oscuro, porque había luz artificial, llegó Pinochet. Hubo un aplauso de todo el Estadio. No puedo asegurarle si las galerías se pusieron de pie, pero en la parte en que yo estaba, en las galerías colindantes a las marquesinas, en una de cuyas orillas estaba, vi que se ponían de pie. No hubo un solo chiflidito. Quedé muy impactado. A mí todo el mundo me saludó en forma especialmente cordial. Donde yo estaba había mucho pueblo, y la verdad es que cuando llegó Pinochet se pararon como movidos por un resorte y aplaudían a rabiar. Este es el Chile de hoy.” (Citado de “Augusto Pinochet: el Reconstructor de Chile” de Sánchez, Francisco y Schiappacasse, Mauricio, Maye, Santiago, 2010, y a su vez extraído de la biografía de Frei, de Cristián Gazmuri).

Al parecer, entonces, demasiados “estaban cómodos con el gobierno  militar”. ¿Qué les sucedió después de 1990? Que “se fueron dando cuenta”. Traduzco: a todos, pero todos, les lavaron los cerebros. Una hemorragia izquierdista de novelas, ensayos, relatos, películas y teleseries contaron el gran cuento de “las violaciones sistemáticas a los derechos humanos”. Tanto que Ana María Ugarte, superada por la marea propagandística, se pregunta: “¿Dónde estuve? Esa pregunta me la hice a finales de los noventa, luego de ver un Archivo en la Vicaría de la Solidaridad. No tenía respuesta. Esa falta de respuesta me impulsó a escribir el libro”.

          Claro, el Archivero de la Vicaría que formó ese archivo que ella leyó era un alto jefe comunista y del grupo terrorista FPMR, José Manuel Parada. Cosas de los santos curitas chilenos. La Vicaría se convirtió en los 80, de hecho, en un brazo logístico del FPMR: les procuraba defensa judicial gratuita a los guerrilleros y atención médica a los heridos en atentados. Gozaba de impunidad judicial, pues su jefe, el obispo Valech, no le quiso entregar al ministro en visita José Cánovas Robles, tras el asesinato a mansalva del carabinero Miguel Ángel Tobar, las fichas de atención pagadas por la Vicaría en la Clínica Chiloé, donde atendían a los guerrilleros heridos. Y esa obstrucción a la justicia quedó impune.

          Los cerebros lavados se tragaron todos los relatos del jefe comunista-FPMR y convertidos en la teleserie “Los Archivos del Cardenal”, y la audiencia cautiva se preguntó, entonces, después de 1990, “¿dónde estuve?” Yo les voy a decir dónde estuvieron: en un país pacífico, que combatía con éxito a los terroristas, crecía al siete por ciento al año y la gente vivía tranquila y sin temor a la delincuencia, a los asaltos y a los portonazos, viendo mejorar su nivel de vida y sin sombra de un conflicto mapuche en la Araucanía, donde imperaban la ley y el orden y la mayoría era partidaria del Gobierno Militar, según reveló el plebiscito de 1988.

          ¿Dónde estuvo Ana María Ugarte? En un excelente país en que la gente se “paraba como movida por un resorte” (Frei dixit) a aplaudir a Pinochet. Nada que ver, por cierto, con la versión inoculada a los cerebros lavados, donde “desaparecían miles de personas” no obstante que el Informe Rettig revela una verdad: entre 1978 y 1990 desaparecieron por enfrentamientos menos de dos personas al año, en un país en que cada año había cerca de diez mil denuncias de “presunta desgracia” (hoy son 40 mil y cerca de tres mil no son encontradas en el mismo año).

          En resumen, todo hace presumir que “Acerca de las Cosas Perdidas”, de Ana María Ugarte, nueva exponente de la novelística de los cerebros lavados, revela cómo se perdieron, al menos, dos de esas cosas: la verdad y la memoria.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.cl/2017/10/la-novelistica-de-los-cerebros-lavados.html

jueves, 23 de marzo de 2017

La Verdad Sobornada - Hermógenes Pérez de Arce


MIÉRCOLES, 22 DE MARZO DE 2017

          Sé de la incomodidad de no pocos derechistas que aparecen apoyando públicamente a Piñera, porque saben cómo es éste y porque su ética contradice ese apoyo, determinado sólo porque “las encuestas dicen que va a ganar”. Pero, lamentablemente para ellos, esto último ni siquiera es así: dos encuestas dicen que Piñera va a ganar (Cadem y Adimark), pero no preguntan por la segunda vuelta; y otras dos dicen que va a perder en ambas vueltas (Cerc-Mori y Critheria Research). Ambas dan cinco puntos de ventaja a Guillier en segunda vuelta. ¿Sacrificar la ética para perder? No vale la pena.

¿Por qué estas dos encuestas son casi desconocidas? Porque la verdad completa ha sido sobornada: por eso ellas no aparecen en los principales medios. De Cerc-Mori y Critheria Research hay que enterarse en las redes o en la prensa digital, como “El Mostrador”.

          Otros derechistas, resignados, admiten que sí, que Piñera “es como es”, pero, añaden, “hizo un buen gobierno, avalado por las cifras”. Pero tampoco fue así: del millón de empleos que se autoatribuye, la mitad fueron creados tras el impulso sin precedentes del gasto público en 2009, que aumentó en un 16,5 %, y del aumento de la inversión pública, de 26,1 %, también sin precedentes, ambas obra de Andrés Velasco. Cifras oficiales publicadas y no desmentidas. Ese enorme gasto estatal aumentó el crecimiento a 5,4 % en 2010, crecimiento que, también indebidamente, Piñera se autoatribuye. Lo que hizo a continuación fue disminuirlo con sus aumentos tributarios, para terminar con 4,1 % en 2013, año en que, además, la inversión  pública ¡disminuyó! en 4,3 % (Mercurio, 01.10.16). Es decir, su desempeño económico condujo al “frenazo” y contribuyó a las cifras bajas de 2014 en adelante, que el programa revolucionario de Michelle Bachelet 2.0, por cierto, acentuó.

          Entretanto, el gobierno de Piñera aumentó en 50 % el endeudamiento del sector público (Mercurio, 29.09.16) y terminó con el país retrocediendo del lugar 30° al 34° en el índice de competitividad mundial (Mercurio, 28.09.16), pese a que en varios períodos gozó de un precio del cobre sin precedentes, superior a 4 dólares por libra.

          Mientras Piñera subía los impuestos (en particular el favorito de los comunistas, el royalty), en lo personal él los eludía y, tras vender el 75 % de su patrimonio (LAN, Colo Colo, Chilevisión) lo puso a nombre de Fondos de Inversión Privados exentos de impuestos y lo envió a paraísos fiscales en el exterior. Fue su “piñericosa” más rentable, de la cual no nos habríamos enterado nunca sin las querellas del diputado comunista Hugo Gutiérrez. Durante la administración Piñera nada de esto siquiera se supo, pues él sostenía que un “fideicomiso ciego” administraba sus bienes: falso, pues no había tal para su patrimonio en los paraísos fiscales.

          Esta conducta de gravar al país y eximirse a sí mismo no era nueva: ya había defendido las alzas de impuestos de la Concertación durante la “política de los acuerdos”, a título de que ellas iban a “legitimar el modelo”. Mientras él adquiría sociedades quebradas en los ’80 con enormes pérdidas tributarias (44 mil millones de pesos), usándolas para no pagar tributos en sus propias empresas, entre ellas LAN, cuyas acciones de CORFO había comprado (para él fue el principal “acuerdo”) durante el gobierno de Aylwin, apoyaba aumentos tributarios a los gansos que no rentabilizaban a las “zombies” quebradas. Es que siempre se ha reído de todos, pero hasta ahora no sabíamos cuánto.

          Fue un discípulo y admirador de Aylwin e incluso lo aventajó en un aspecto: si éste fue el principal perseguidor de los militares que habían salvado a Chile de un régimen totalitario (cosa que reconocía en octubre de 1973 y negaba en 1993 haber reconocido, tras haberlos crucificado con el sesgado Informe Rettig), Piñera se convirtió en un cuchillo aún peor de los Presos Políticos Militares, al ser coautor de la prevaricación con que los mandó a presidio, pues triplicó a través de su Ministerio del Interior y las legiones de abogados de izquierda que mantuvo en éste, las querellas ilegales e inconstitucionales en su contra.

Y se preocupó de mantener en su gobierno como funcionario de su confianza al médico mirista Patricio Bustos al frente del Instituto Médico Legal, con lo cual se completó casi un cuarto de siglo desde 1990 sin identificar cadáveres de los caídos en la lucha contra el terrorismo antes de 1973 y que estaban en dicho Instituto y en patios del Cementerio General. Tal identificación habría desvirtuado la consigna de los “miles de desaparecidos”, que, en todo caso, nunca pasaron de 1.102 según las comisiones Rettig y CNRR, de los cuales es preciso descontar los seis o más “reaparecidos” en años recientes.

Hubo un momento en que cerca del 80 % de los encuestados de derecha apoyaban a Piñera en las encuestas. El conocimiento de la verdad ha hecho descender este guarismo a poco más de 60 %. La conciencia de la derecha ha ido despertando.

Entretanto, el único candidato presidencial realmente de derecha y que defiende el legado del Gobierno Militar, el diputado ex UDI José Antonio Kast, ha reunido ya más de 25 mil firmas para presentarse a la primera vuelta, triplicando las que ha conseguido la UDI para reficharse como colectividad y revelando que, si ella hubiera sido fiel al camino señalado por Jaime Guzmán, a estas horas no habría tenido problemas para refundarse. Pero ha entregado su pureza doctrinaria y ha optado por el plato de lentejas que le ofrece Piñera y quiere estar bien con Dios y con el Diablo.

Como la verdad ha sido sobornada, cuando quise, dentro de la ley, formular un llamado (pagado) por las radios Agricultura, Bío Bío y Cooperativa a inscribirse notarialmente en favor de José Antonio Kast, éstas rechazaron el aviso. No así la Radio El Conquistador, que lo admitió y transmite diariamente a las 11 y 16 horas. Entretanto la UDI actual, en un rasgo de piñerismo, ha propalado la especie de que si algún firmante de Kast firma por reficharla a ella, no perjudicaría al diputado. Falso. Típico ardid piñerista, pues sí lo perjudicaría, dado que anularía su apoyo notarial al único candidato de derecha fiel a la verdad histórica y defensor de los Presos Políticos Militares víctimas de la prevaricación aylwinista-piñerista y que sufren del atropello a sus derechos humanos y a los cuales un país indiferente ve morir encadenados en su injusta prisión.


Así y todo, el único candidato de derecha, fiel a la verdad histórica, sin enredos de facturas electorales falsas, sin sociedades “zombis” para eludir impuestos, sin FIPs en paraísos fiscales, que no hace trampas y dice la  verdad, estará en la papeleta en noviembre. El resultado quedará entregado a la conciencia de los chilenos, cuya mayoría paga sus pasajes de la locomoción y sus impuestos, probando que la gente honesta es más. La verdad podrá estar temporalmente sobornada, pero al final va a triunfar.

Hermógenes Pérez de Arce