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martes, 9 de enero de 2018

El Camaleón Hace Explosión - por Hermógenes Pérez de Arce

          El tratadista Víctor Farías escribió un libro titulado “La Muerte del Camaleón”, referido a la DC, y en estos días parece que va a resultar profético, a juzgar por la gente que renuncia al partido.

          Pero la DC no existe por casualidad ni por imposición forzada, sino porque interpreta muy bien un rasgo de la idiosincrasia chilena: estar siempre “donde el sol más calienta”. Por eso lucha, aunque no siempre lo logra, por ser “de centro” y así, si el sol calienta más a la izquierda, se corren para allá, y si calienta más a la derecha, se  corren para acá.

          Claro, “no tan cerca que te quemes ni tan lejos que te hieles”. Decía Juan de Dios Carmona, un DC que apoyó a los militares en 1973 junto con casi toda la DC, pero después no los traicionó: “los democratacristianos se libraron de los comunistas con la ayuda de los militares y después se libraron de los militares con la ayuda de los comunistas”. “El camaleón cambia de color según la ocasión”.

          Siempre tiene que haber un colectivo que, en las encrucijadas nacionales, haga lo mismo. Si no, no estaríamos en Chile.

“Casi” toda la DC” apoyó a los militares el 11 de septiembre de 1973. Y digo “casi”, porque unos pocos, “los 13”, rechazaron el pronunciamiento desde el mismo 11. Pero uno de ellos había firmado el llamado al golpe que hizo la Cámara de Diputados el 22 de agosto de 1973 y después saltó ágilmente al otro lado y lo condenó el 11 de septiembre: Bernardo Leighton; otro firmó el manifiesto, pero luego retiró su firma al día siguiente, José Piñera Carvallo; y otro no lo firmó el 11 pero después pidió que se incorporara su firma, Radomiro Tomic. Claro, en noviembre del ’73 el mismo Tomic fue a hablar con el general Leigh, miembro de la Junta, y a ofrecerle su apoyo para un “plan revolucionario” económico y social, si la Junta deseaba emprenderlo.

Un típico DC es Sebastián Piñera, que cuando en su gobierno necesitó que los comunistas dejaran de acosarlo, les dio en el gusto, multiplicó las querellas contra militares y cerró el penal más decente, “Cordillera”, hacinando a los presos políticos uniformados en Punta Peuco.

Y después, estando todavía bajo en las encuestas, fulminó a los militares y la derecha en el 40° aniversario del 11, descalificando a los propios partidos que lo habían elegido, RN y la UDI, al llamarlos “cómplices pasivos” de violaciones a los derechos humanos. Es decir, les compró el libreto a los comunistas. Entonces éstos lo hicieron subir más en las encuestas.

Ahora ganó la reciente elección con evidentes votos DC –éstos saben reconocer a uno de los suyos—, sin mayor rechazo comunista (éstos no funan a quien satisface sus odios) y con furibundo apoyo de la derecha, que se tragó a Piñera como es con tal de que no caer en una “Chilezuela”.

Tanto miedo tenía la derecha que puso un apoderado en cada mesa, cosa que no había logrado nunca y por eso le habían robado la elección de Alessandri en 1970 y la de Lavín en 1999-2000, sacándoles por lo bajo un voto en cada mesa (que fue la diferencia de Allende con Alessandri y de Lagos con Lavín). Pues la izquierda siempre ha robado mucho mejor que la derecha, no sólo los votos.

Una frágil nieta mía me contó que había sido apoderada en La Pintana y tenido el coraje de representarle al presidente de la mesa que no siguiera contabilizando para Guillier los votos de Piñera, de modo que él tuvo que dejar de hacer trampa, porque había muchos testigos. Ni su abuelo ni la derecha nunca se habían atrevido a tanto. Y tal vez a eso se deba la ventaja conseguida el 17/12.

Y Piñera tiene que agradecerle también a Maduro, porque las escenas de la vida en Venezuela, similares a las de la UP en Chile en 1970-73, a diferencia de estas últimas, que han sido hechas desaparecer, se exhibían a diario en los noticieros y fueron un factor más que dio vuelta la elección.

Otro fue la generalísima de Piñera, Michelle Bachelet, cuyas reformas rechazaba la mayoría en la misma proporción que le dio el triunfo a Piñera.

En resumen, un DC que atraía votos DC, la colaboración de Maduro para revivir la UP, el miedo de la derecha, capaz de generar un apoderado en cada mesa y la mejor generalísima de campaña a que podía aspirar Piñera, Michelle Bachelet y sus reformas impopulares, explican su triunfo por casi diez puntos.

          Y, tranquilos, la DC no puede desaparecer, es demasiado chilena. Si no existiera, habría que inventarla. Si desaparece, hay que reemplazarla. Y, por lo que leemos en los diarios, tanto RN como la UDI están haciendo buenos esfuerzos para eso.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.cl/2018/01/el-camaleon-hace-explosion_9.html

lunes, 13 de noviembre de 2017

La Historia se Repite - por Hermógenes Pérez de Arce

          En 1957 la derecha estaba a punto de renunciar a todo con tal de evitar que el marxista Allende llegara a La Moneda. “Renunciar a todo” era apoyar al DC Frei a cambio de nada, y sólo porque la suma de la derecha y el centro derrotaban a la izquierda. Pero Raúl Marín Balmaceda, un derechista de tomo y lomo, evitó a costa de su vida (murió tras pronunciar un discurso contra Frei Montalva) que el Consejo del Partido Liberal apoyara a este último. El presidente conservador, Juan Antonio Coloma, contuvo a su vez a las propias huestes, que pretendían irse, presa del pánico, con Frei, proclamándose a sí mismo, primero, como candidato presidencial y luego transfiriéndole el apoyo del Partido Conservador a un candidato de derecha, Jorge Alessandri. ¡Sorpresa! Alessandri fue elegido Presidente, venciendo a Allende y a Frei, en 1958. Triunfo de la derecha que no se habría producido sin la muerte de Raúl Marín ni el coraje de Juan Antonio Coloma, ambos derechistas de verdad.

          Lamentablemente en 1964 ya no existían. La derecha tenía candidato propio, un radical absolutamente identificado con ella, Julio Durán. Éste encabezó el Frente Democrático, que se aprestaba a volver a derrotar tanto a Allende como a Frei Montalva. Pero hubo una elección complementaria de diputado en Curicó que ganó el doctor Naranjo, un médico marxista muy popular. Segundo salió el candidato de derecha, Rodolfo Ramírez, representativo de Durán; y tercero el “Vitrola” Fuenzalida, representativo de Frei. Y adivinen ustedes: la derecha entró en pánico, y pese a haber llegado segunda defenestró a Durán restándole su apoyo y se fue en masa con Frei, que había llegado último, ¡a cambio de nada! para derrotar a Allende. ¿Cómo le pagó su apoyo Frei? La destruyó. En la elección parlamentaria de 1965 los partidos de derecha prácticamente desaparecieron, cuando hasta entonces, en conjunto, eran la primera fuerza política. Y el programa socialista de Frei destruyó la base económica de la derecha, el agro.

          El resultado lo resume una frase obscena que repetía un amigo derechista fallecido hace poco: “Ya una vez en 1964 un democratacristiano me (autocensurado con triple X), y no me gustó”. Pero no le hicieron caso en 2009, cuando la derecha reincidió en apoyar a un democratacristiano (pese a que éste estaba recién condenado por comprar acciones con información privilegiada y antes había estado prófugo de la justicia, y “no por lindo”). Así es que se repitió el desenlace de 1970: al final terminó gobernando la heredera de Allende.

Lo increíble es que de nuevo nos encontramos a fojas uno (muchos escriben “fojas cero”, pese a que, por definición, ella no existe): con tal de que no se repitan el plato los herederos de Allende, nos dicen, hay que apoyar al mismo democratacristiano, Piñera, que tiene en su oficina el retrato de Frei Montalva, era íntimo de Aylwin y fue su continuador en guillotinar militares que combatieron el terrorismo marxista; y que ahora dice ser más próximo a Mariana Aylwin que a José Antonio Kast, el único candidato de derecha. ¡Y lo es!

Recuerdo que un pro-hombre conservador, el senador Francisco Bulnes Sanfuentes, relataba que cuando los derechistas se lamentaban de lo que les había hecho Frei Montalva, después de haber la derecha contribuido a elegirlo en 1964 tras defenestrar, presa del pánico, al candidato propio, Julio Durán (que a todo esto hizo una muy buena campaña ese mismo 1964 y evitó que el radicalismo se fuera con Allende), les replicaba: “Por culpa tuya, imbécil”.

Pues la fuga derechista hacia la DC destruyó a la derecha y no hizo sino tornar inevitable el triunfo marxista en 1970.

Hoy la historia se repite. Gran parte de la derecha insiste en desertar de su cauce natural e impedir que su candidato propio, el único de derecha, José Antonio Kast, pase a segunda vuelta. Irónicamente, bastarían a éste los votos de derecha para lograrlo, pero éstos, una vez más, huyen hacia el DC como en 1957 (lo impidió la muerte de Marín Balmaceda) y como en 1964 (Bulnes no lo pudo impedir), “para atajar a Allende o sus herederos”, y como en 2009, con las peores consecuencias para ella misma, las que siempre ha sufrido cuando ha cedido al ya histórico chantaje que hoy tiene lugar una vez más.

Fuente: http://blogdehermogenes.blogspot.cl/2017/11/la-historia-se-repite.html